miércoles, 25 de enero de 2012

Obsesión


Obsesión:

La noche cae, las penumbras cubren el cielo, la luna apagada,
astros deseosos de rodearte, el cielo cubierto de estrellas,
oculto te observo, mi obsesion es tal que mi sangre hierve,
seras mi musa eterna, donde montañas de cadaveres nos cobiragan
asi el mundo sera solo nuestro, los dias y las noches seran tuyas,
la luna tendra que arrodillarse dejando el resplandor de la noche solo para tus ojos,
cada segundo escribire para ti, bebere tu sangre,
la pasion sera nuestra, las melodias seran nuestros latidos,
si no aceptas tendre que asesinarte, para con tu cadaver
crear mi mas sadicas fantasias, cuando los gusanos te esten
devorando quemare tu cuerpo asi me esperaras en el infierno
para que dios no pueda poseerte..



jueves, 19 de enero de 2012

El Vampiro.

El Vampiro.
Charles Baudelaire.

Tú que como una cuchillada
entraste en mi triste pecho,
tú que, fuerte cual un rebaño
de demonios, viniste, loca,
a hacer tu lecho y tu dominio
en mi espíritu humillado.
--Infame a quien estoy unido
como a su cadena el galeote,
corno al juego el jugador,
como a la botella el borracho
como al gusano la carroña,
--¡maldita seas, maldita!
Rogué al rápido puñal
que mi libertad conquistara
dile al pérfido veneno
que socorriese mi cobardía.
Mas ¡ay! puñal y veneno
despreciándome, me han dicho:
"No mereces que te arranquen
de esa maldita esclavitud,
¡imbécil! --si de su imperio
nuestro esfuerzo te librara,
tus besos resucitarían de tu vampiro ¡el cadáver!".

Charles Baudelaire.

miércoles, 18 de enero de 2012

Y jamas lo sabras


y jamas lo sabras

pasara por mi vida
sin saber que pasaste
pasaras en silencio
por mi amor ,y al pasar
fingiré una sonrisa
como un dulce contraste
del dolor d quererte...
quizás pases con otro
que te diga al oído
esas frases que nunca
como yo ,te dirán
y ahogado para siempre
mi amor inadvertido
sufriré en silencio...
pasaras en mi vida
como un claro nocturno,
como ha pasado el viento
entre todo el trigal,
y mi amor indecible
callara su locura
sufrirá su amargura...
sufriré en silencio
como sufren las almas
que buscando el cielo
jamás lo encontraran
sufriré noche a noche
con los sueños perdidos
de mirarte en mis brazos
sin llegarte a tocar
quizás como tu sonrisa
voltees hacia mis ojos
y quizás con tu rostro
reflejes la ansiedad,
quizás yo alimente
miles de ilusiones
pero tu sin embargo
de mi amor no sabrás
aunque vea el sufrimiento
reflejado en tu cara
aunque vea esas lagrimas
de tus ojos caer.
mi corazón que es cobarde
huira de tu lado
y llorando muy solo
mi llanto callare
me veras cabizbajo,
taciturno y nostálgico
y mil palabras de mi alma
por ti musitaran
pero el viento que corre
ahogara entre sus pasos
mis palabras de amor...
quizás la luna brille
con el claro reflejo
quizás trinen las aves
con su alegre cantar
pero el corazón cobarde
callara su secreto
y muriendo en silencio...
tu jamás lo sabrás

Ven, camina conmigo.





Ven, camina conmigo.

Come, walk with me
, Emily Brontë (1818-1848)


Ven, camina conmigo,
sólo tú has bendecido alma inmortal.
Solíamos amar la noche invernal,
Vagar por la nieve sin testigos.
¿Volveremos a esos viejos placeres?
Las nubes oscuras se precipitan
ensombreciendo las montañas
igual que hace muchos años,
hasta morir sobre el salvaje horizonte
en gigantescos bloques apilados;
mientras la luz de la luna se apresura
como una sonrisa furtiva, nocturna.

Ven, camina conmigo;
no hace mucho existíamos
pero la Muerte ha robado nuestra compañía
-Como el amanecer se roba el rocío-.
Una a una llevó las gotas al vacío
hasta que sólo quedaron dos;
pero aún destellan mis sentimientos
pues en ti permanecen fijos.

No reclames mi presencia,
¿puede el amor humano ser tan verdadero?
¿puede la flor de la amistad morir primero
y revivir luego de muchos años?
No, aunque con lágrimas sean bañados,
Los túmulos cubren su tallo,
La savia vital se ha desvanecido
y el verde ya no volverá.
Más seguro que el horror final,
inevitable como las estancias subterráneas
donde habitan los muertos y sus razones,
El tiempo, implacable, separa todos los corazones.

La Danza de la Muerte.

La Danza de la Muerte.
Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832).

El guardián miró hacia abajo en la medio de la noche:
Sobre las tumbas que yacen dispersas allí,
Con su luz plateada la luna llenaba el espacio,
Y la iglesia como el día parecía brillar,
Entonces vió, primero una tumba, y luego otra que se abría,
Y hombres y mujeres fueron vistos al avanzar,
Envueltos en pálidas y níveas mortajas.

Apurados por correr pronto doblaron los tobillos,
Girando en rondas y danzas tan alegres,
El joven y el viejo, el rico y los pobres.
Pero las mortajas les molestaban,
Y como la modestia no puede perturbarlos,
Se sacudieron, y pronto aparecieron los sudarios
Dispersos y confusos sobre las tumbas.

Entonces agitaron las piernas, estremecieron los muslos,
Mientras la tropa con extraños gestos avanzaba,
Los gritos y clamores se elevaron alto,
Hasta que el tiempo y la danza marcaron el mismo ritmo.
La vista del guardián parecía abrumada de maravillas
Cuando el villano Tentador le habló así al oído:
Aprovecha una de las mortajas que allí yacen.

Rápido como el pensamiento la tomó y huyó
Detrás del portal de la capilla a toda velocidad;
La luna seguía derramando su blanquecina luz
Sobre la danza que temerariamente se desarrollaba.
Pero los bailarines se fueron retirando uno a uno,
Y sus mortajas, mientras se desvanecían, reposaron,
Y bajo el césped todo estuvo tranquilo.

Pero uno de ellos tropieza y queda tendido allí,
E intenta alcanzar el sepulcro con desesperación;
Sin embargo, sus camaradas lo ignoraban,
Y él percibió el aroma del sudario en el aire.
Así que agitó la puerta, pues el guardián se protegía,
Para repeler al enemigo, bajo el bendito peso
De las cruces de metal.

El sudario debe conseguir, pues sin él no hay descanso,
Permaneció unos instantes reflexionando
Sobre los ornamentos góticos que el espectro ansiaba.
¡Pobre guardián! ¡Su destino está sellado!
Como una larga y espantosa araña, en súbito andar,
Así avanzaba el pérfido y espantoso gusano.

El guardián tembló, y la palidez lo sobrecogió;
Mientras el fantasma buscaba su sombría mortaja,
Cuando al final (ahora nada puede salvarlo)
En un diente de hierro fue capturado,
Cuando el luctuoso brillo de la luna se apagaba,
Cuando sonoro estalló el trueno de la campana,
Desvaneciendo el esqueleto, deshecho en átomos.

Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832)

Don Juan en los infiernos.



Don Juan en los infiernos (Don Juan aux enfers) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire, publicado en la colección de poemas de 1861, Las flores del mal (Les fleurs du mal).





Don Juan en los infiernos.

Don Juan aux enfers
, Charles Baudelaire (1821-1867)


Cuando Don Juan descendió hacia la onda subterránea
Y su óbolo hubo dado a Caronte,
Un sombrío mendigo, la mirada fiera como Antístenes,
Con brazo vengativo y fuerte empuñó cada remo.

Mostrando sus senos fláccidos y sus ropas abiertas,
Las mujeres se retorcían bajo el negro firmamento,
Y, como un gran rebaño de víctimas ofrendadas,
En pos de él arrastraban un prolongado mugido.

Sganarelle riendo le reclama su paga,
Mientras que Don Luis, con un dedo tembloroso
Mostraba a todos los muertos, errante en las riberas,
El hijo audaz que se burló de su frente nevada.

Estremeciéndose bajo sus lutos, la casta y magra Elvira,
Cerca del esposo pérfido y que fue su amante,
Parecía reclamarle una suprema sonrisa
En la que brillara la dulzura de su primer juramento.

Erguido en su armadura, un gigante de piedra
Permanecía en la barra y cortaba la onda negra;
Pero el sereno héroe, apoyado en su espadón,
Contemplaba la estela y sin dignarse ver nada.